Madrid Curioso — 20 abril, 2015 at 6:11

EL COCIDO: Una bomba de placer

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Para conocer los orígenes del cocido nos tenemos que retrotraer a la cocina judía, y en concreto a la “adafina”, plato muy suculento que contenía garbanzos acompañados de otros ingredientes que podían ser fideos, alubias, arroz, pollo, huevos duros, cebollas y nabos que se dejaban cocer lentamente en el fuego dentro de una olla de barro. La adafina era un plato de “shabbat”, el día santo y de reposo en la religión judaica, fiesta que comienza el viernes, antes de la puesta del sol, y termina el sábado, tras la puesta del sol. Como durante ese periodo no se podía trabajar, ni encender fuego, la olla se ponía a cocer en la noche del viernes al rescoldo de la lumbre entre cenizas y se consumía el sábado, siendo muy popular entre los judíos sefarditas.

cocido

Terminada la Reconquista, los Reyes Católicos ofrecieron a los sefarditas la opción de convertirse o dejar España. Los que permanecieron en España pasaron a denominarse “marranos”, que en hebreo sefardita significa “converso con dolor”. Estos “marranos” estaban muy controlados por la inquisición, que miraba con lupa sus acciones para asegurarse de su sincera conversión, por lo que era frecuente que llevasen siempre consigo un trozo de tocino o de magro de cerdo que les servía de salvoconducto o prueba irrefutable de su conversión a la Doctrina Cristiana, de ahí que por extensión se empezó a denominación al cerdo “marrano”. Es posible que para hacer ostentación de su nueva fe, los conversos añadieron también a su olla productos prohibidos por la ley mosaica como el jamón, la oreja, el tocino de cerdo o la morcilla, doblemente prohibida por ser de sangre y de gorrino.

garbanzosComo decíamos, el cocido tiene al garbanzo como ingrediente básico, legumbre cuyo origen está en el corazón de Anatolia (Turquía) donde hace 6.000 años los hombres del Neolítico domesticaron la planta. Su aspecto puede recordarnos la cabeza de algún ave, de ahí que los egipcios lo llamaran “cara de halcón”, o el ariete de un barco de guerra romano, motivo por el que los latinos le dieron el nombre de “Cicer Arietum”. Hay incluso autores que afirman que Marco Tulio Cicerón, famoso político y escritor romano, recibió el apodo de “Cicerón” porque su familia poseía grandes plantaciones de garbanzos y él tenía una gran verruga en la nariz con forma y tamaño similar a esta legumbre.

Como de romanos estamos hablando, no podemos olvidar que a éstos les encantaba degustar los garbanzos fritos, a los que llamaban “kikos” (recordar los quicos actuales), nombre que significaba fuerza y hacía referencia a la capacidad que tenía esta legumbre para aportar energía. En la península ibérica fueron introducidos por los cartagineses, empezándose en la Edad Media a preparar con ellos unos deslavazados potajes, entendiéndose que en esta época se denominaba potaje a todo aquello que se cocía en un puchero u olla, es decir, lo que no fuera asado.

El garbanzo también tomó fama de potente afrodisíaco, pensándose que su consumo proporcionaba una gran fuerza sexual, pero como todo tiene que usarse con mesura, creían que su abuso causaba priapismo, hablando claro: una erección continua y dolorosa del miembro viril. ¡Era el viagra medieval! Aunque nos parezcan descabelladas, estas ideas tenían su base científica porque que en una época de carencias, tanto vitamínicas como energéticas, un atracón de garbanzos proporcionaba al consumidor un aporte extra de fósforo, hierro, cal, potasio, sodio, magnesio y vitaminas, especialmente del complejo “B”, por eso en la actualidad la medicina naturista lo recomienda para las personas desnutridas, anémicas, tuberculosas, convalecientes o todos aquellos que realicen un esfuerzo físico intenso. Al garbanzo le respalda una cantidad de proteínas e hidratos de carbono suficientes como para poner “las pilas” a cualquiera, teniendo tantas proteínas como la carne (entre un 17% y un 24% de proteína bruta) y casi tantos glúcidos como los cereales.

Isabel II
Isabel II

En Madrid el cocido aparecía a diario tanto en la mesa de los humildes como en la de los nobles, cosa que no debe extrañarnos porque era vieja costumbre española.

Durante el siglo XVII ya aparece documentado en las mesas de Felipe III y Felipe IV, pasando a ser plato muy común en todas las casas madrileñas. La expansión continuó durante el siglo XVIII, y al llegar al XIX los glotones Borbones lo llegaron a consumir a diario, como era el caso de Fernando VII.

Su hija, Isabel II, heredó de su felón padre dos pasiones: el sexo y el cocido, disfrutando de sus amantes donde dispusiera el destino y del plato en Lardhy, ordenando a los cocineros de palacio que acudieran al restaurante para aprender a prepararlo exactamente igual. Como todo se hereda menos la hermosura, su hija, la castiza infanta Isabel que era conocida popularmente como “La Chata”, también adquirió de su madre el gusto por esta legumbre, preparándose en su casa uno de los mejores cocidos de la capital.

Ya saben, si comen cocido el placer está asegurado.

 

Post redactado por Antonio Balduque Álvarez para Espacio Madrid.

Si te ha gustado este post y las historias, curiosidades y anécdotas que en él se describen, podrás vivirlas en primera persona, a través de las rutas guiadas que Antonio Balduque Álvarez realiza por la ciudad de Madrid. Entra en www.curiomadrid.com o en su perfil de facebook para ampliar información.

Historiador y apasionado de Madrid, Antonio Balduque ha escrito varios libros sobre la villa y corte madrileña, actualmente se dedica a realizar tours turísticos por Madrid como guía experimentado, mostrando la ciudad como nunca antes la habías visto. Puedes visitar www.curiomadrid.com y realizar un recorrido con él, podrás disfrutar de Madrid de una forma diferente. Puedes contactarle en su mail: antoniobalduque@gmail.com.

9 Comentarios

  1. Sabroso y lleno de historia, el cocido es uno de mis platos favoritos!! Gracias por este artículo tan ilustrativo!!

  2. Muy interesante, he pasado un buen rato leyendo

  3. Es curioso pensar que un plato que imaginaba castizo tenga origen judío

    • Davinia, te sorprendería la cantidad de referencias a los judíos que utilizamos a diario. Uno de los próximos artículos lo dedicaremos a esas expresiones cotidianas de origen judío.
      Gracias por tu interés.

  4. María Jesús

    Gracias Antonio. Un artículo muy bien ilustrado, ameno y lleno de curiosidades. Lo suficientemente atractivo como para invitarme a comer más garbanzos a partir de ahora.
    Un saludo.

    • Muchas gracias por tu curiosidad e interés hacia estos temas. En espaciomadrid podrás encontrar referencias de los mejores restaurantes donde puedes degustar estos «kikos madrileños» que nos hacen la vida tan placentera.
      Un saludo.

  5. A mi k me llamen loco pero prefiero un buen cocido madrileño con su deliciosa pringá k una mariscada

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