Madrid Curioso — 7 octubre, 2015 at 0:40

Curiosidades femeninas madrileñas. MARÍA DE QUIÑONES: Una mujer barroca entre quijotes y cabrones

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Calle de Atocha
Calle de Atocha (Madrid)

Por pocos es conocida la historia de una de las más importantes impresoras madrileñas del siglo XVII, mujer que tuvo, además, mucho que ver en la primera edición del Quijote realizada en la imprenta de Juan de la Cuesta, edificio que hoy día podemos visitar en la calle Atocha nº 87 admirándose en su interior una copia de la prensa en la que se imprimió “El ingenioso hidalgo”.

En 1586 Pedro Madrigal, junto a su mujer María Rodríguez Rivalde, se instalaron en Madrid alquilando una casa en la calle Atocha esquina a la actual costanilla de los Desamparados, vivienda que compraron en 1588 poniendo allí su imprenta y el hogar donde nació su retoño, al que llamaron también Pedro.

Al fallecer el padre el 15 de octubre de 1593, a su viuda se le vino encima la ideología dominante de la época que no concebía a una mujer viviendo sola sin estar supeditada a la tutela de un hombre “que había sido creado de una manera superior”. Si el cabeza de familia fallecía, la mujer quedaba desprotegida ya que se la excluía de los oficios que requerían un aprendizaje y empezaba a tener problemas por ser “mujer sola”, entre ellos, la imposibilidad de comprar artículos para su negocio lo que la obligaba a buscar representantes que hiciesen los tratos en su nombre o volverse a casar.

Placa edición príncipe Quijote 1604
Placa edición príncipe Quijote 1604

Es en este punto, cuando entra María de Quiñones, la protagonista de nuestra historia. Probablemente María fuera sobrina de la viuda María Rodríguez Rivalde, por lo que se casa con el heredero de la imprenta, el joven Pedro Madrigal, entre otros motivos porque para los moralistas del siglo XVII la mujer debía casarse, cobrando únicamente sentido su vida en el  seno del matrimonio pues se la preparaba desde pequeña para ser una perfecta casada.

EN CASA Y CON LA PATA QUEBRADA 

A partir de los diez años y hasta que tomaba marido, la niña pasaba a ser llamada doncella, teniendo el padre cuidado de que su retoño no estuviera mucho tiempo soltera porque en ese siglo las mozas aspiraban a casarse por “amores” y, si no se las enlazaba pronto, podían hacerlo a escondidas suponiendo esto un ultraje contra el honor familiar. La doncella debía ser templada y obediente, sus lecturas tenían que centrarse en los libros religiosos, las salidas a la calle las imprescindibles y siempre acompañada por otra mujer, su educación se basaba en la futura obediencia al esposo, siendo su máxima virtud vivir en retraimiento y sumisión, resumiéndose estas ideas en la expresión: “la doncella honrada, en casa con la pierna quebrada”.

En verdad, el concepto de pierna quebrada no significaba partirle una de las dos extremidades inferiores, sino la forma en que las madrileñas se sentaban en sus viviendas durante siglos, pues, desde época musulmana, las mujeres de cierta posición social solían permanecer en una habitación que se caracterizaba por estar en parte ocupada por una tarima cubierta con alfombras, denominada estrado, donde se sentaban a la morisca sobre almohadones para leer, charlar, coser o bordar, pues era lo correcto que la mujer permaneciera el mayor tiempo posible relegada en este espacio privado y la manera de sentarse en el almohadón era doblando la pierna para aposentar luego su cuerpo sobre ella: sentada con la pierna quebrada. 

A LA FUERZA AHORCAN 

Como decíamos, Pedro Madrigal, el heredero de la imprenta, se casó con María de Quiñones, pero poco duró este matrimonio porque murió a principios de 1602 dejando viuda a la joven María. Nuevamente se repitió la situación que había sufrido su suegra, permitiéndose que la Quiñones mantuviera el negocio como situación intermedia, hasta que sus hijos pudieran hacerse cargo de la industria o se casara de nuevo pasando, a partir de ese momento, el nuevo marido a ocuparse de la imprenta.

Taller de imprenta de finales del siglo XVII. Col. RAA.
Taller de imprenta de finales del siglo XVII. Col. RAA.

Como el matrimonio no había tenido descendencia, varios regentes tuvieron que hacerse cargo del negocio, hasta que María Quiñones puso sus ojos, forzada por las circunstancias, en un oficial de su imprenta llamado Juan de la Cuesta que había ingresado en 1599 en la Hermandad de Impresores de Madrid. El 26 de junio de 1602 tuvo lugar la boda pasando a tener Juan de la Cuesta plenos poderes para gestionar el negocio y, poco después, en 1604, aunque no era el propietario, a poner su nombre en los libros que imprimía el taller. Entre las aficiones de Juan de la Cuesta estaban la imprenta y la juerga, no brillando por ser un marido modélico pero sí por tener la suerte de cara al encontrarse en el lugar justo y en el momento oportuno para pasar a la posteridad.

A los pocos meses de  tomar el control de la imprenta la suerte le sonrió al recibir el encargo que grabaría su nombre en la Historia: imprimir “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”. El taller de la calle Atocha muestra la misma minúscula habitación iluminada por “dos sórdidos ventanucos” que agobiaba a Cervantes porque allí, entre papeles, suciedad y tinta, pasaba muchas horas discutiendo con Juan de la Cuesta sobre la calidad del trabajo encargado.

UN BRAGUETAZO Y PUERTA

El Quijote, primera edición
El Quijote, primera edición

Entre finales de septiembre y el 1 de diciembre de 1604, en este sótano insignificante, fueron viendo la luz los 1.500 primeros ejemplares de la obra más importante de la literatura española, pero la presión por el dinero invertido provocó que esta primera edición estuviera plagada de erratas desde la primera página hasta la última palabra, lo que no fue obstáculo para que en seis meses se agotara la tirada. El rápido éxito obtenido hizo que se lanzara ese mismo año una segunda edición de 1.800 ejemplares, saliendo a partir de ese momento de sus seis prensas las siguientes novelas cervantinas y muchas de las obras de Lope de Vega.

Pero como la cabra tira al monte, a finales de 1607 el bueno de Juan de la Cuesta se marcha de picos pardos dejando a María de Quiñones embarazada, con deudas y una situación muy complicada porque al seguir legalmente casada no contaba con total libertad en el ámbito legal para gestionar oficio y patrimonio. Menos mal que El Supremo Hacedor iluminó al disoluto marido y, una vez en Sevilla con la intención de viajar a las Indias, renunció ante notario a la dirección de la imprenta dejando plenos poderes a su mujer, María de Quiñones, y a María Rodríguez Rivalde para que pudieran regir la imprenta, cobrar lo que se les debiere y actuar en su nombre.

Como se aprecia por la fechas, la participación de Juan de la Cuesta en la dirección del taller fue muy breve, tan sólo de cinco años, por lo que a partir de 1607 las obras realizadas en la imprenta con el pie » Por Juan de la Cuesta» en realidad fueron «sin Juan de la Cuesta«, siendo María de Quiñones quien dirigiría en la sombra los trabajos de sus operarios y artesanos llegando  a realizar una copiosa producción tipográfica. 

LA CALLE QUIÑONES

Mujer impresora
Mujer impresora

El sufrimiento que debió padecer María al dejarla su marido plantada, embarazada y con deudas, hizo mella en su espíritu porque durante los primeros años al frente del negocio nunca firmó sus trabajos como viuda de Juan de la Cuesta, sino como “Herederos de la Viuda de Pedro Madrigal”, «En Casa de Madrigal», «Herederos de Pedro Madrigal» o «En Casa de la Viuda de Madrigal».

Será a partir de 1633 cuando en las obras salidas del taller madrileño se empiece a leer en la portada el deslumbrante nombre de María de Quiñones, siendo también en esos años cuando debió abrir una sucursal de su imprenta en la calle que hoy lleva su nombre, la calle Quiñones, cerca de la plaza de Comendadoras. Su labor como impresora finalizó en 1666, fecha en la que traspasó el negocio a Melchor Alegre y a su mujer Catalina Gómez, teniéndose constancia de su muerte en 1669.

Así pues, con este relato, queremos honrar la memoria de una mujer que, en un entorno plenamente masculino, supo dirigir, sanear y gestionar una de las más importantes imprentas del Madrid del siglo XVII.

Otras curiosidades femeninas madrileñas:

– La indómita mujer que se oculta bajo las melenas de un león

– Una madrileña llamada Libertad

 

Post redactado por Antonio Balduque Álvarez para Espacio Madrid.

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Historiador y apasionado de Madrid, Antonio Balduque ha escrito varios libros sobre la villa y corte madrileña, actualmente se dedica a realizar tours turísticos por Madrid como guía experimentado, mostrando la ciudad como nunca antes la habías visto. Puedes visitar www.curiomadrid.com y realizar un recorrido con él, podrás disfrutar de Madrid de una forma diferente. Puedes contactarle en su mail: antoniobalduque@gmail.com.

1 Comentario

  1. Toda una emprendedora esta madrileña María de Quiñones

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