Madrid Curioso, Rincones — 30 agosto, 2017 at 5:35

El Paseo del Prado: El Despotismo Ilustrado en forma de Paseo (1ª parte)

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Cuando Carlos III llega a España como Rey Legitimo, lo hace desde Nápoles, donde llevaba años reinando de forma ilustrada y racional, para el beneficio de sus súbditos. Al morir su hermano Fernando VI sin herederos, le toca ser nuestro monarca, y las ideas y proyectos llevados a cabo en sus dominios italianos se plasman también aquí en nuestro territorio. Y el proyecto y realización del Paseo del Prado es el paradigma de las ideas Ilustradas, su máxima seña de identidad y el mejor ejemplo para entender esta doctrina política. Era un concepto global en el que el monarca quería darle algo al pueblo pero sin preguntarle al mismo sus necesidades; como “buen padre”, Carlos III sabía lo que necesitaban los madrileños y estaba dispuesto a llevarlo a cabo.

El concepto era muy amplio y abarcaba Arte, Ciencia, Educación, Elegancia, Comodidad y Belleza. Y como veremos en otro artículo, no solo era pasear por pasear, sino también educar y culturizar a los madrileños a través de la colina de las Ciencias (Jardín Botánico, Gabinete de Ciencias Naturales y Observatorio Astronómico). Pero esa es otra historia… Hoy nos ocupamos del Paseo de Prado, y como siempre lo mejor es empezar viendo sus orígenes.

Museo del Prado
Museo del Prado (originariamente Real Gabinete de Ciencias Naturales)

ANTES PRADO QUE PASEO

En 1503 los Monjes Jerónimos piden a los Reyes Católicos permiso para trasladar su Monasterio de Santa María del Paso (cercano a las actuales ermitas de San Antonio de la Florida) al otro extremo de la ciudad de Madrid, junto al Arroyo Abroñigal. La razón muy sencilla: las tierras del Manzanares eran lóbregas e insalubres y sufrían epidemias y muertes por docenas cada poco tiempo. Al concedérsele, se trasladan a la otra periferia de la ciudad, más allá del Barrio de las Letras y entre los Caminos de Alcalá y Vallecas.

Iglesia de los Jeronimos
Iglesia de los Jeronimos

Como hemos dicho, estas tierras estaban a la margen de una de las variantes del Arroyo Abroñigal, y alrededor de lo que actualmente es la Iglesia de los Jerónimos se colocaron un claustro (actualmente ocupado por exposiciones del Museo del Prado), parte del monasterio, el Cuarto Real, zonas para animales, y, evidentemente, terrenos de labranza y cultivo. Estos últimos son los que formaron el Prado de San Jerónimo, del que deriva el nombre actual, y que además se extendía por otras zonas que también pertenecían a estos monjes: las cercanas calle Prado y calle Huertas, con sus denominaciones tan obvias.

PASEO PARA LA CLASE MEDIA

A mediados del siglo XVIII, el Marqués de la Ensenada, ministro de Fernando VI, mandó terraplenar, desecar y adoquinar la zona actual del Paseo del Prado. La situación se había hecho insoportable: como la zona alrededor del citado Arroyo era cenagosa y embarrada, la gente de Madrid aprovechó la situación para ir creando un estercolero de facto, y arrojar todas sus basuras a este vertedero improvisado. Así pues, con la medida del Marqués de la Ensenada se pretendía recuperar una zona clave de la ciudad, junto al Impresionante Retiro creado un siglo antes.

Vista del parage del Jardin del Buen Retiro BNE
Vista del parage del Jardin del Buen Retiro_BNE

Una vez habilitado este espacio para su uso público, se convirtió en uno de los lugares más transitados por la clase media y baja de la ciudad. Recordemos que el Retiro no se abrió al público hasta 1767, y esto de forma restringida y con muchas condiciones; y, por tanto, en la época de la que hablamos, solo podrían entrar al Retiro los Reyes, su familia, los Grandes de España y algún allegado más. El resto de la población lo único que hacía era pasear Prado arriba y Prado abajo hasta que alguna carroza se acercara a la Puerta de entrada del Retiro, y entonces todos se apostaban como paparazzis para ver quien entraba, como iba vestida tal dama o quien era el nuevo amante de tal condesa. Era la afición favorita de la ciudad y el Paseo del Prado el lugar más concurrido del momento.

EL PROYECTO DE CARLOS III: LA OTRA PIAZZA NAVONA

Carlos III fue uno de los reyes más cultos y avanzados de nuestra historia. Viajó mucho y conoció todos los avances y progresos de las diferentes ciudades y naciones de Europa. Y por supuesto estuvo en Roma, y conoció la famosa Piazza Navona. En Roma también estuvo, y no por casualidad, José de Hermosilla, que fue el encargado de proyectar el Paseo del Prado de Carlos III. Hermosilla estuvo como becado por la Academia de Bellas Artes de San Fernando en Roma, por la rama de Arquitectura, y evidentemente conoció la citada Plaza, sus fuentes y decoraciones.

Dos aspectos de esta plaza marcaron el proyecto de nuestro Paseo del Prado: su forma ovalada y las tres preciosas fuentes realizadas por Gianlorenzo Bernini. El proyecto madrileño, realizado por el ingeniero Hermosilla, comprendía un gran espacio de forma ovalada o elipsoidal, cercada en sus extremos largos por dos grandes exedras (columnatas techadas a modo de las que hay en la Plaza de San Pedro en el Vaticano) en las que la gente se refugiaría en verano de los rayos del sol y en el resto del tiempo de la lluvia y el frío, y que además tendría la elegancia de colocar orquestas de música en lo alto de dichas exedras para hacer las delicias de los paseantes.

Columnas antiguas del Paseo
Columnas antiguas del Paseo

El núcleo central del Paseo serían tres bellas fuentes que harían el mismo juego que las de Bernini, aunque a mayor distancia entre ellas: Cibeles, Neptuno y Apolo. Las tres fueron diseñadas ex profeso por el más valorado arquitecto de la época, Ventura Rodríguez (autor entre otros del Palacio de Liria). No en vano, en esta época, Ventura Rodríguez ostentaba el cargo de Fontanero Mayor de la Villa, lo que en su tiempo significaba que se encargaba del diseño, construcción y mantenimiento de todas fuentes de la capital. Los diseños de las mismas se encuentran actualmente conservados en varios archivos de Madrid, y en ellos se pueden observar las mínimas diferencias con su realización posterior y los monumentos actuales. Sin embargo, cada fuente fue realizada por un escultor o grupo de escultores diferentes: Cibeles por Francisco Gutiérrez y Roberto Michel, Neptuno por Juan Pascual de Mena, y Apolo por Manuel Álvarez y Alfonso Giraldo Bergaz.

Fuente de Apolo
Fuente de Apolo

Pero el proyecto iba más allá de una simple decoración con fuentes, era una simbología del poder de Carlos III: Apolo es el Dios de la Caza, la Belleza, el Arte y la Música (todo lo que se atribuye a Carlos III), Neptuno es el Dios de los Mares y Cibeles en su atribución de Ceres es la Diosa de la Agricultura y por tanto de la Tierra; Carlos III (Apolo) se sitúa en el centro y domina con ambos brazos el Mar (Neptuno) y la Tierra (Cibeles).

Fuente de Neptuno
Fuente de Neptuno
Fuente-de-Cibeles
Fuente de Cibeles

El Paseo del Prado: El Despotismo Ilustrado en forma de Paseo (2ª parte)

Post redactado por Álvaro Llorente para Espacio Madrid.
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