Madrid Curioso — 21 enero, 2020 at 19:43

La Universidad en Madrid I

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La Universidad más antigua de España y que sigue en funcionamiento (la de Palencia fue fundada en 1212 pero apenas duró un siglo) es la Universidad de Salamanca, que se fundó en 1218 y aún mantiene su prestigio e importancia. En Europa incluso se fundaron bastantes universidades algo antes: Bolonia en 1088, Oxford en 1096, París en 1170, Cambridge en 1209. Y en mayor o menor medida, en torno a todas las grandes capitales europeas se fueron fundando Universidades en las siguientes centurias. Pero Madrid no tuvo Universidad hasta 1836, y encima tuvo que robársela a otra ciudad cercana.

En las Cortes de Cádiz ya se aprobó como una de las medidas prioritarias la creación de una Universidad Central en la capital de España. En 1812 y gracias a la Constitución de “La Pepa” se quería dar mayor protagonismo a Madrid como capital de un estado nacional que vertebrara todo el territorio, y, a su vez, dar mayor énfasis a los estudios superiores. Lo cierto es que la mayor parte de la población era analfabeta y que los que adquirían algo más que “las cuatro letras” (saber leer y escribir medianamente) eran una minoría muy minoritaria. No obstante, este decreto no se llevaría a efecto hasta 1836 ya que tras la vuelta de Fernando VII a España y al trono, decidió cerrar todos los estudios superiores. Poco le importaba la cultura y educación de su pueblo a un rey tan nefasto en sí mismo como era este. Y tuvo que ser en el reinado de su hija, Isabel II, aunque bajo mandato de la Reina Regente María Cristina, cuando finalmente se consumara el hecho de la llegada de la Universidad a Madrid.

ROBAR LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE

En 1293 el Rey Sancho IV de Castilla concede a Alcalá de Henares (la antigua Compluto romana) el privilegio de tener Estudios Generales, algo parecido a una Universidad más de hecho que de nombre. Tiempo después, ya finalizando el siglo XV, el Cardenal Cisneros, arzobispo de Toledo y como tal señor de Alcalá de Henares, decidió subir de categoría dichos estudios y convertirlos en una verdadera universidad. Como amigo personal y fiel consejero de los Reyes Católicos, les pidió el permiso para realizar dicha fundación, a la cual dio su propio escudo orlado por un cisne, su símbolo heráldico, y que aún persiste en la actual Universidad Complutense de Madrid.

Pabellón de gobierno y escudo

Se realizaron las obras con premura para que los estudios universitarios pudieran dar comienzo en los primeros años del siglo XVI. Y de hecho, tan acelerada fue su construcción que muchos de los edificios se hicieron con materiales muy pobres y poco perdurables. Es de sobra conocida la historia de la visita del Rey Fernando el Católico a estas improvisadas instalaciones, así como las bromas y chanzas que tuvo que soportar el Cardenal por parte del monarca. No obstante, Francisco Jiménez de Cisneros no se amilanó y de pronto le soltó al Rey: “Lo que yo ahora construyo en barro, otros lo acabarán en mármol”. Profética frase que evidentemente se cumplió y con creces, y que actualmente campea en los muros de uno de los patios del edificio principal de la Universidad en Alcalá de Henares.  Basta admirar estos patios y sobretodo la fachada principal de la Universidad para ver como los sucesores del Cardenal en la dirección de la Institución cumplieron su palabra y acabaron la obra de Cisneros muy dignamente.

Pabellón de gobierno y escudo

Cabe destacar también el grandísimo nivel académico que adquirió la Universidad en los siglos posteriores, con personajes tan destacados entre sus estudiantes y profesores como Antonio de Nebrija (creador de la primera gramática española), el padre Juan de Mariana (uno de los primeros cronistas importantes de España), los escritores Francisco de Quevedo y Félix Lope de Vega, o el intelectual Gaspar Melchor de Jovellanos. Asimismo, el Cardenal Cisneros se encargó de recopilar y acaparar una gran cantidad de libros muy antiguos y de un valor incalculable que pasaron a engrosar los fondos de la biblioteca universitaria, y que aún se conservan en su mayor parte en la Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla, en Noviciado. A esto sumaremos el magno encargo de la primera Biblia Poliglota de la Historia, mandada hacer por el Cardenal y realizada íntegramente en la Universidad Complutense.

Como vemos, el prestigio de esta Universidad fue máximo, pugnando con Salamanca por ser la más importante de España durante siglos. Pero todo esto se vendría al traste, primero poco a poco y luego de golpe. Si bien el siglo XVI y buena parte del XVII fueron tiempos de esplendor para la Universidad, en el siglo XVIII ya era evidente su decadencia, tanto a nivel académico como sobretodo en cuanto a sus instalaciones. Con la llegada de las tropas francesas esto no hizo sino empeorar ya que muchos de sus edificios fueron utilizados para uso militar y algunos de ellos fueron derribados. Y cuando Fernando VII decretó el cierre de los estudios superiores en España fue un duro golpe del cual nunca pudo recuperarse la institución. Su cierre, largamente anunciado, llegó por fin.

Pero con la creación de la Universidad Central en Madrid podría dársele una segunda vida a la Universidad Complutense, aunque ciertamente transformada y reconvertida. Se decidió en 1836 que en lugar de crear una Universidad de cero, se traspasaran todas las estructuras administrativas, organizativas y demás de la Universidad Complutense desde Alcalá de Henares hasta Madrid. Con ello se realizó su traslado, apropiándose Madrid de la historia precedente de esta institución.

EL BARRIO DE UNIVERSIDAD

Administrativamente hablando existe dentro del distrito centro el barrio de Universidad. Seguir su trazado es bastante sencillo, basta tomar la calle San Bernardo desde la Gran Vía y continuarla hasta alcanzar el metro San Bernardo en la Glorieta de Ruiz Giménez. Pues bien, el Barrio de Universidad estaría a ambas márgenes de la calle San Bernardo durante este recorrido mencionado. También se hace referencia a esta zona como Noviciado, ya que aquí estuvo el antiguo noviciado de los Jesuitas durante siglos. Pero he aquí que los jesuitas fueron expulsados décadas antes y el edificio fue desamortizado en 1836, justo a tiempo para ser reutilizadas sus dependencias para la Universidad Central.

Pero en el tiempo en el que se reconvertía y reformaba el antiguo convento, se ocuparon otros edificios para comenzar las cátedras, entre ellos el Segundo Monasterio de la Visitación, justo enfrente de la Iglesia de Monserrat. La reforma del Antiguo Noviciado la llevó a cabo Narciso Pascual y Colomer, arquitecto del Congreso de los Diputados, que además de las estancias propias para aulas, realizó un precioso Paraninfo decorado por Arturo Mélida. Este edificio sigue utilizándose para la apertura del curso académico, ceremonias de concesión de los títulos de doctor honoris causa y otros actos académicos de relevancia. Todas las facultades de las diversas materias fueron instalándose tanto en el antiguo Noviciado como en numerosos caserones y palacios de la calle San Bernardo. ¿Todos? No, todos no. Hay dos excepciones muy sonadas.

Construcciones complejo médico

Por un lado, todas las facultades médicas estuvieron en el amplio complejo diseñado por Sabatini (proyecto inacabado) y mandado construir por nuestro “mejor alcalde”, Carlos III. Se trataba del Hospital San Carlos, un complejo que actualmente ocuparía los edificios del Instituto Nacional de la Administración Pública, el Conservatorio de Música, el Colegio de Médicos y el Museo Reina Sofía. Además de ser hospital, casi desde el principio, Carlos III propuso que tuviera estudios de medicina y cirugía al estilo de la Sorbona de París. A estas prácticas se unieron el resto de disciplinas médicas que tuvieron sus aulas allí hasta que se trasladaron a la Ciudad Universitaria ya en la década de los años 30 del siglo pasado. Una de las aulas, por cierto, se sigue conservando tal y como se dejó en su época, ya que era donde impartía su cátedra Don Santiago Ramón y Cajal (puede verse en el Colegio de Médicos, junto a la biblioteca, otras aulas y el magníficoSalón de Actos).

Plaza de Ramón y Cajal

La otra excepción, a parte de las facultades para disciplinas médicas, es la cátedra de literaturas neolatinas desde el año 1916. Este puesto lo ostentaba Doña Emilia Pardo Bazán, una señora de armas tomar, que exigía a sus alumnos acudir a las clases al Ateneo de Madrid, donde ella se encontraba más a gusto. Por cierto, Doña Emilia obtuvo la cátedra directamente, sin haber realizado estudios universitarios, ya que en su época estaba vedado para las mujeres el acceso a la universidad. En este caso, la pionera fue una tal Julia, que según cuentan acudió durante varios meses a la Universidad Central de San Bernardo disfrazada de hombre. Cuando se descubrió el pastel, ella había demostrado que era tan apta o más que el resto de sus compañeros para realizar sus estudios superiores, y con ello se abrió el camino a que muchas otras mujeres pudieran estudiar una carrera, como la propia Concepción Arenal o Clara Campoamor. A la entrada de la calle del Pez desde San Bernardo hay una estatua titulada “Tras Julia” haciendo referencia a esta historia y a todas las mujeres que vinieron detrás.

Post redactado por Álvaro Llorente para Espacio Madrid.
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