Madrid Curioso — 23 septiembre, 2020 at 12:37

El Madrid de Galdós… Y el nuestro

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Si digo que Galdós era madrileño seguro que mucha gente se lleva las manos a la cabeza y lo tachan de una gran burrada. Pero me reafirmo en ello. Galdós fue un madrileño que nació, por circunstancias de la vida, en Las Palmas de Gran Canaria. Pero sin duda fue mucho más madrileño que muchos de los que se precian de serlo solo por haber nacido en esta ciudad.

Cava de San Miguel

Benito Pérez Galdós amó profundamente a Madrid. Podemos decir que desde que llegó a Madrid con tan solo 19 años se enamoró de nuestra ciudad, de su vida, de sus rótulos de gas, de los cafés, pero sobre todo de sus gentes. Digamos en primer término que el choque que debió sentir un joven “de provincias” (en el más amplio sentido de la palabra) al llegar a una incipiente urbe cosmopolita como Madrid debió ser tremendo. En poco tiempo encontró su sitio entre la elite intelectual, cultural, social e incluso política de nuestra ciudad. Acudía de forma asidua a los principales Teatros de la capital y de las primeras cosas que hizo en Madrid fue sacarse el carnet de socio del Ateneo.

Pero eso no quitaba para que nuestro insigne escritor gozara con los placeres más mundanos, recorriera las callejuelas del viejo Madrid, visitara sus antros, saludará a sus gentes más bajas, observara  al “Cuarto Estado” en su elemento más mezquino y pobre. Esto se muestra perfectamente en sus obras: por ejemplo, las descripciones de callejas, plazas, mercados, tabernas y casas de mala muerte que realiza en “Fortunata y Jacinta” serían imposibles de no haberlas contemplado de primera mano. También paseaba con frecuencia por El Retiro y gustaba de sentarse en uno de esos bancos en forma de “s” justo detrás de alguna parejita para escuchar sus confidencias.

El-Retiro
El Retiro

Que Galdós fuera el escritor más popular y más leído de su tiempo tiene una explicación muy sencilla: representaba perfectamente a la gente de su tiempo, en su forma de hablar, en sus pensamientos, en sus costumbres. Así pues, la gente cuando leía a Galdós se sentía perfectamente identificada con los personajes, se sentían parte de la historia porque la historia les incluía por primera vez a ellos también. Y cuando digo “la gente” me refiero a todas las clases sociales, ya que Galdós conseguía mostrar todo el abanico que la sociedad madrileña aportaba desde la gente más pobre y rácana hasta los señores más distinguidos y estirados.

Y por último, para decir que Galdós fue madrileño me basta con esgrimir algunos simples datos.

  1. Vivió en Madrid casi 60 años de los casi 80 que duró su existencia en este mundo.
  2. Sus mejores obras, o al menos las más leídas, las que llamamos “Novelas Contemporáneas”, tienen como ubicación principal (y a menudo única) Madrid.
  3. Murió en Madrid y está enterrado en Madrid, en el cementerio de la Almudena.
  4. Y, lo más importante, vivió Madrid profundamente, lo respiró, lo conoció a fondo y luego lo explicó en sus novelas, no como un lugar geográfico sino como un personaje más.

LAS CASAS DE GALDÓS EN MADRID

El título de este epígrafe es confuso, ya que Galdós nunca tuvo casa en Madrid. Igual que la mayoría de los madrileños de la época, no compró casa propia y siempre estuvo de alquiler. Digamos que mitad porque su economía no era tan boyante como se debiera a un autor de su talla (por derechos de autor, gastos de viajes y otras diversiones y también por natural bondad y predisposición a dar dinero a quien se lo pidiera); y mitad porque realmente no estaba de moda ni lo necesitaba. Lo que se estilaba en la época era vivir en un “hotelito”. Que no nos confunda el término: se trataba de casas de alquiler, de cierta categoría, que se alquilaban por varios años normalmente, y con servicios de limpieza, basuras, comidas, planchado…

Pero empecemos por el principio. El primer lugar donde habitó Galdós en nuestra ciudad fueron unas casas de huéspedes que regentaba gente originaria de Canarias en la zona de Lavapiés. Y como no podía ser de otra manera, la mayor parte de sus clientes alojados eran canarios; y por eso se estableció Galdós allí. Después, tuvo su residencia en la calle de Las Fuentes número 3 (entre Mayor y Arenal), donde aún se conserva una placa que recuerda que aquí vivió un tiempo nuestro célebre escritor. De allí se traslada a la Calle del Olivo, que actualmente se llama Mesonero Romanos, por detrás de la Calle del Carmen.

Lápida en la Hilarión Eslava, 7. Fotografía de patrimonioypaisaje.madrid.es.

Finalmente, cuando ya tiene un capitalito y su economía se lo permite, se traslada a una casa en el barrio de Salamanca, en la calle Serrano enfrente del Museo Arqueológico. Esta zona de Madrid le gustaba menos porque estaba muy alejada del centro de Madrid de aquella época y así lo mostró en algunas de sus obras (pensad que en aquella época eran las afueras y el barrio no era tan glamuroso como ahora se nos muestra). Y después se fue a vivir a otro palacete con viviendas en alquiler justo donde ahora se levantan las Torres de Colón. Huelga decir que la mayoría de estos edificios ya no existen, a excepción del de la Calle de las Fuentes 3. Siempre de alquiler. Y es curioso que la única casa que poseyó en su vida fue una finca en Santander, llamada “La de San Quintín”, que estaba junto a la Magdalena, mirando al mar.

Los dos últimos lugares donde habitó en Madrid estaban en el también nuevo barrio de Argüelles. El primero en el antiguo Paseo de Areneros (actual Alberto Aguilera), justo donde hoy se sitúa el Corte Ingles de Princesa. El segundo y último, una preciosa casa de estilo neomudéjar que era posesión de su sobrino, en la calle Hilarión Eslava 7. La casa fue derribada pero aún se conservan las dos placas que se pusieron tras su muerte: una hecha por un obrero y otra por insignes escultores. La razón de que viviera junto a su sobrino es doble: tuvo una situación un poco apurada económicamente hablando al final de su vida (por lo ya dicho) y sobretodo estuvo muy enfermo sus últimos años (inmóvil de cintura para abajo y totalmente ciego).

AÚN SIGUE ENTRE NOSOTROS

En otro artículo referido a las mejores esculturas del Retiro ya os hablé sobre el precioso monumento en honor a este gran literato y mejor persona. Para los que no lo conozcáis o no os situéis, os digo que se encuentra entre la Glorieta del Ángel Caído y el Paseo de Coches del Retiro, según se va desde el primer punto hasta el segundo, a mano izquierda, por detrás de un chiringuito-bar. No es fácil verlo si no se conoce, pero si se ve no se olvida. Primero por el personaje al que representa. Segundo por el entorno tan cuidado que lo rodea. Y tercero, porque la obra en sí es de una calidad muy destacable.

Monumento a Benito Pérez Galdós
Monumento a Benito Pérez Galdós

Para describirlo brevemente diremos que el monumento realizado por Victorio Macho representa a nuestro Galdós sentado en una especie de trono (el trono de las letras), protegido por dos leones a los costados del monumento y espalda del personaje. Destaca mucho la mirada tranquila y serena de Galdós, que lógicamente ya estaba ciego a la hora de ser representado. También, y por igual circunstancia, se le representa con una manta cubriéndole sus extremidades inferiores, debido a una parálisis en su tronco inferior. Debe apuntarse que la estatua fue terminada apenas un año antes de la muerte del escritor, y que el acto de inauguración fue una de las últimas presencias en público de Galdós, debido a su estado de salud.

Pero ahí queda este monumento como muestra de la importancia del personaje y como símbolo de que Galdós, de estar ahora mismo entre nosotros, gustaría de ocultarse de los focos y de las candilejas. Se encontraba mejor como mero observador de la realidad madrileña que como actuante del “teatro del mundo”. Se dice que era muy tímido y apenas hablaba más de dos frases seguidas, aun con sus más allegados. Prueba de ello es una curiosa anécdota. Poco después de llegar a Madrid, Galdós conoció en una conferencia en el Ateneo a Leopoldo Alas Clarín. Se hicieron inseparables desde ese momento: comían juntos, tomaban café juntos, paseaban… Veinte años después, cuando Galdós ya se había hecho un escritor importante, un periódico trató de entrevistarle, pero él lo rechazó. Y como el periódico quería contar algo sobre Galdós, acudió a su mejor amigo, Clarín. Este les despachó rápido: “difícilmente les puedo decir algo sobre Galdós. En más de 20 años de amistad lo más que le he sacado es que era de Las Palmas…”

Puerta del Sol

Y SEGUIRÁ SIEMPRE EN NUESTRAS CALLES

Y no solo porque exista una calle con su nombre, muy pequeña a mi juicio y que no le hace justicia a su mérito, entre Hortaleza y Fuencarral. Ni porque aún se conserve algún rotulo, placa o señal que identifique que aquí vivió o allá estuvo su editorial o librería (calle Hortaleza). Sino porque los que nos hemos acercado a su obra nunca olvidaremos a sus personajes recorriendo las calles de Madrid y viviendo mil aventuras por estos recovecos del viejo Madrid. Desde la Desheredada, la primera novela que sitúa en Madrid Galdós, pasando por Miau, la famosa Fortunata y Jacinta, la Trilogía de Torquemada o Misericordia, sus principales obras se desarrollan en Madrid. Y sus personajes sufren, piensan, aman, padecen y viven en el más amplio sentido de la palabra, por nuestras calles.

Librería en la calle Hortaleza, 5. Fotografía de esmadrid.com

Como no enternecerse acompañando a Luisito y a su perrito Canelo, recorriendo de punta a punta la ciudad para llevar cartitas de su abuelo pidiendo dinero a sus amigos. El sueño que le entra al joven junto a la Iglesia de las “Alarconas”. La alegría de los jóvenes en la salida del colegio junto a la Plazuela del Limón. Las peroratas y discursos que suelta Don Ramón Villaamil a sus antiguos compañeros en el Ministerio de Hacienda. Las vistas que observa el mismo Villaamil mirando hacia la Sierra madrileña antes de decidir si quitarse la vida o no. La conmovedora escena del abuelo despidiéndose del niñito de su alma mirando hacia el balcón del número 5 de la Calle de los Reyes. Las tres “Miaus” en el paraíso del Teatro Real. La mujer de Don Ramón comprando verduras en el mercado de la Plaza del Carmen. O la imagen del “Cristo de las Melenas” de la Iglesia de Montserrat que deja perturbado al joven Luisito. Escenarios todos de la novela “Miau” de nuestro Benito Pérez Galdós.

Plaza de Pontejos (Madrid)

Y con “Fortunata y Jacinta”, por ejemplo, tres cuartos de lo mismo: Pontejos, Mira el Rio, Cava de San Miguel, las Micaelas, el Congreso, la Calle del Turco, Postas, Sol, Ministerio de Gobernación, Plaza Mayor, Santa Engracia, Calle Pelayo, San Ginés, Calle de la Madera… Todos estos y muchos más son los sitios donde viven, trabajan, o simplemente deambulan los personajes de esta obra. Pero más que esto, el lenguaje que se utiliza en la novela es el mismo que utilizaría cualquier madrileño del momento, con sus frases y dichos. Si no se vivía en ese Madrid era difícil que a alguien le dijeran que “le iban a llevar a Leganés” y supiera que lo estaban llamando loco. O que cuando se hablaba de meter a alguien en el “Saladero” era porque había cometido un delito, ya que se trataba de una cárcel que había sido antiguo Saladero de cerdos (actualmente junto a la Glorieta de Alonso Martínez). Cosas que solamente un madrileño como Galdós sabría.

Plaza Mayor

Pero os dejo con una curiosidad que poca gente conoce. Todo el mundo sabe que la primera obra de entidad de Galdós es “La Fontana de Oro”. Este establecimiento estaba en la Carrera de San Jerónimo esquina a la Calle Victoria; no confundir con un pub que lleva el mismo nombre un poco más adelante y que no tiene nada que ver con el famoso café. Pues bien, Galdós lo describe perfectamente, con pelos y señales, desde su decoración y estilo hasta los personajes que allí se podía encontrar uno. Lo más interesante es que cuando Galdós llegó a Madrid, este café ya llevaba ¡30 años cerrado! No lo conoció nunca, igual que no conoció la Iglesia del Buen Suceso o las Gradas de San Felipe, de las que también habla en otras obras. Y para esto también hay que ser listo: acudió a la persona que más sabía de Madrid en aquella época, Mesonero Romanos, cronista de la Villa y Concejal del Ayuntamiento, que le puso en antecedentes.

Así que, me van a permitir que me apropie en nombre de nuestra ciudad de mi admiradísimo Galdós, que injustamente no fue Premio Nobel, pero que gozó (y goza) de un premio mucho más importante: el cariño, respeto y admiración de quienes le conocieron, y de los que le leyeron y le siguen leyendo. Porque los genios son intemporales, nunca pasan de moda. En este año en que se cumple el 100 aniversario de su muerte lo seguimos recordando y admirando.

Post redactado por Álvaro Llorente para Espacio Madrid.
Si te ha gustado este post y las historias, curiosidades y anécdotas que en él se describen, podrás vivirlas en primera persona, a través de las rutas guiadas que Álvaro Llorente realiza por la ciudad de Madrid. Puedes apuntarte a ellas en allorente84@hotmail.es.

Experto en Historia de Madrid, guía turístico con 8 años de experiencia y amplios conocimientos de Arte e Historia. Recorre Madrid con él y descubre nuestra ciudad de una forma diferente. Puedes contactarle en su mail: allorente84@hotmail.es y ampliar más información sobre sus rutas y cursos que realiza en http://www.madridenlapalmadetumano.com/conocer-madrid.html.

1 Comentario

  1. ana luna caballero

    Para cuando la ruta el Madrid de Galdós

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