Madrid Curioso — 30 agosto, 2016 at 0:27

EL RETIRO: de residencia palaciega a parque público

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Como dijimos en un anterior artículo, lo que hoy conocemos como Parque del Retiro fue, en su origen, concebido como una residencia palaciega en el amplio sentido de la expresión. No obstante, las diversas vicisitudes históricas han hecho que apenas quede ya nada de lo realizado entre 1630 y 1650 en su primera fase de construcción.

El Retiro
Monumento a Alfonso XII

EL SIGLO XVII: ILUSIONES Y DEJACIONES

Las primeras obras se realizan en 1631 gracias al impulso y ánimo de Felipe IV y de su valido el Conde Duque de Olivares. A pesar del entusiasmo e interés de ambos, dos cuestiones lastran la construcción de forma decisiva: la muerte del arquitecto jefe Juan Bautista Crescenci y los continuos caprichos y cambios de rumbo del monarca. Aun así, se realizan numerosas construcciones: al menos 10 ermitas, no menos de 12 edificios palaciegos, varios extensos jardines, dos estanques de considerable tamaño…

Pero a la muerte de Felipe IV le sucede su hijo Carlos II, una absoluta nulidad, debido a tres razones fundamentalmente: llega al trono siendo casi un niño, está continuamente enfermo y es “mangoneado” por su madre, sus mujeres y sus allegados. Así pues, en esta segunda mitad del siglo XVII el Retiro queda poco menos que abandonado a su suerte y ve como muchas de sus construcciones se deterioran irremediablemente.

SIGLO XVIII: ENTRE EL REJUVENECIMIENTO Y EL HASTÍO

La llegada al trono de Felipe V sin embargo es una nueva etapa de impulso para el Retiro. Acostumbrado a vivir en Versalles, nuestro primer rey Borbón ve agobiante la construcción del Alcázar de los Austrias y decide residir casi de forma permanente en el Palacio del Buen Retiro. Tanto es así que cuando sucede el incendio del Viejo Alcázar, él reside plácidamente a las afueras, en las construcciones del Retiro, las cuales se encargó de embellecer y mejorar en mucho sus jardines al estilo parisino (jardines del Parterre).

Sin embargo, la construcción y reforma de otros recintos palaciegos no muy lejos de la capital (Aranjuez, El Escorial, Rio Frio, La Granja de San Ildefonso…) acaparan la atención de los siguientes monarcas en detrimento del Retiro. Y a esto debe sumarse que tanto Fernando VI como Carlos III y Carlos IV son muy aficionados a la caza, con lo que sus preferencias los llevan a mirar más hacia la Casa de Campo (principal centro cinegético).

FINALES DEL SIGLO XVIII Y PRINCIPIOS DEL SIGLO XIX: ACCESO RESTRINGIDO Y DESTRUCCIÓN

En el último cuarto del siglo XVIII, Carlos III permite el acceso limitado de ciudadanos al Retiro. No debe olvidarse que hasta este momento solo habían podido acceder la Familia Real y los Grandes de España. En 1767 se permite el acceso al resto de la ciudadanía, aunque con grandes restricciones: solo en ciertos horarios y fechas, nunca con animales ni comida o bebida ni asientos, y guardando una decencia en el vestir (sin harapos ni roturas, las mujeres con pamela y los hombres con capa).

Esto hizo muy popular el Retiro entre las capas medias de la sociedad, y, si bien no llegó a masificarlo, si provocó un cierto deterioro llevado por el uso intensivo de sus jardines e instalaciones. Incluso a finales de siglo sucedió en el Retiro uno de los hechos más destacables a nivel social: La ascensión del primer Globo Aerostático en territorio nacional.

Vista del parage del Jardin del Buen Retiro BNE
Vista del parage del Jardin del Buen Retiro_BNE

Pero el nuevo siglo trajo inestabilidad política y, con el tiempo, en 1808, la invasión francesa. Y esto daría una grave estocada al Retiro de la que tardaría mucho en recuperarse, aunque nunca con su antiguo esplendor. Los franceses llegan a la capital en Marzo de 1808 y empiezan a tomar posiciones en cuarteles a las afueras de la ciudad: Fuencarral, El Pardo, Carabanchel… Y una de sus bases principales de operaciones fue nuestro parque del Retiro.

De los estragos que realizaron no hay mejor testigo que el actual Museo del Prado. En el momento de la llegada de los franceses, Juan de Villanueva estaba terminando la construcción de lo que estaba destinado a ser Gabinete de Ciencias Naturales, pero los franceses, tras los hechos del 2 de Mayo, decidieron darle otros usos. Las actuales salas de arte fueron utilizadas como improvisadas caballerizas, con lo que, donde actualmente se encuentra la posiblemente mejor pinacoteca del mundo, pastaron, retozaron e hicieron sus deposiciones los caballos del ejército de Napoleón. Y la cubierta, ya concluida en plomo, fue desmontada y reutilizada para la fabricación de balas y otras municiones.

Real Gabinete de Ciencias Naturales, actual Museo del Prado
Real Gabinete de Ciencias Naturales, actual Museo del Prado

El propio Retiro no se quedó atrás y fue utilizado como Campamento Militar, donde desfilaron, practicaron y repusieron fuerzas los tristemente famosos “mamelucos” que luego harían estragos en la Puerta del Sol. Es difícil calcular cuantas esculturas, monumentos, edificios, decoraciones o especies arbóreas y vegetales fueron destruidas. Pero, sin duda, tras el paso de las “hordas” francesas, el Retiro no fue más que una sombra de lo que era.

Y qué decir de la famosa Fábrica de Porcelana (ubicada donde hoy está la estatua del Ángel Caído), que trajo Carlos III desde Capodimonte y que era la gloria y envidia de toda Europa. Los franceses inutilizaron y destruyeron casi todo lo que era de provecho, pero no les atribuyamos todo el mérito: las tropas inglesas de Wellington se llevaron, tras “rescatarnos y liberarnos”, piezas y mecanismos irremplazables, para que no compitiéramos con las manufacturas inglesas.

EL LARGO SIGLO XIX: ABANDONO Y AMPUTACIONES

Bien es verdad que en tiempos de Fernando VII se realizaron algunas construcciones que aún permanecen en el parque (Fuente de los Galápagos, La Casa de Vacas, El Embarcadero, La Montaña de los Gatos…) y que se amplió su terreno hacia el Este, llegando a sus límites actuales hasta la Calle Menéndez Pelayo. No obstante, lo mucho destruido, lo mal conservado y la precaria situación económica no permitieron muchos alardes al respecto.

Edificios del Barrio de los Jerónimos
Edificios del Barrio de los Jerónimos

De hecho, es a mediados del siglo XIX cuando se desvincula la parte original o primigenia del Retiro y se crea el llamado Barrio de los Jerónimos o de Isabel II, llamado así por la omnipresente importancia de dicha Iglesia o por el “pelotazo” urbanístico de Isabel II. Éste último hecho es curioso: se desvincula un terreno de propiedad real (que no estatal) con el que la reina saca sus pingües beneficios al vendérselo a las mejores casas nobiliarias y a los más ricos burgueses para que realicen sus mansiones durante toda la segunda mitad del siglo XIX.

Las ruinas de los edificios que allí quedaban son derruidas y solo permanecen tres de ellos como vestigios de lo que fue: la ya citada Iglesia de los Jerónimos (con su claustro que agonizó durante siglo y medio), el Casón del Buen Retiro (que pasó de Salón de Baile a “picadero” del Príncipe Alfonso) y el Salón de Reinos (que quedó reducido a un tercio de su dimensión original).

FINALES DEL SIGLO XIX Y PRINCIPIOS DEL SIGLO XX: EL RENACER

La espectacularidad e importancia del actual Retiro se debe en gran manera a esta época, en la cual se realizan algunas de las construcciones y monumentos más destacables hoy en día. Se podrían citar muchos y con mucho detalle, pero lo dejaremos para futuros artículos. Baste ahora mencionar, solo de pasada, algunos de ellos: Las realizaciones para la Exposición Internacional sobre las Islas Filipinas (El Palacio de Cristal y su entorno), el Palacio Velázquez (pabellón de una Exposición sobre Industria y Minería), las Estatuas al Ángel Caído y al General Martínez Campos, La Rosaleda (aunque ya muy entrado el siglo XX), los Jardines de Cecilio Rodríguez, o, quizá, la obra más impresionante, el Macromonumento en homenaje a Alfonso XII a los pies del Estanque.

Palacio Velázquez en el Retiro de Madrid
Palacio Velázquez en el Retiro de Madrid

Para finalizar, simplemente quiero dejar una reflexión.

Ya se ha dicho que en poco se parece el “Versalles” del XVII al actual parque público. Donde antes había palacios y suntuosas representaciones teatrales, ahora hay pinos y gente practicando yoga o patinando. El libre acceso a principios del siglo XX trajo consigo una patrimonialización popular del parque; sentir que ya no solo era de los Reyes sino de todos los madrileños. Pero trajo también su lado negativo: las primeras décadas del pasado siglo vieron como los insensibilizados ciudadanos arramplaban con todo lo que encontraban a su paso, ya fuera una escultura clásica o una planta exótica. De ahí las vallas y horarios de cierre.

Así pues, si el Retiro es de todos (algo que nos hemos ganado con los siglos), es deber de todos mantener lo mucho de valor que aún queda en él. Yo espero haber hecho mi parte (y seguiré haciendo) difundiendo su historia con este humilde artículo.

Post redactado por Álvaro Llorente para Espacio Madrid.
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