Madrid Curioso, Rincones — 1 junio, 2020 at 15:31

El MUSEO DEL PRADO, posiblemente la Mejor Pinacoteca del Mundo (2ª Parte)

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LA IDEA Y SU MONÁRQUICA IDEÓLOGA

Bueno, pues como la mayoría de avances en España (y es triste decirlo), la creación de un Museo Nacional también vino de fuera y se nos ocurrió copiando a otros. En 1793, en plena época revolucionaria en Francia, debido a incautaciones, conquistas, expolios y excavaciones arqueológicas, se creó el Museo del Louvre en Paris. Y las autoridades españolas enseguida tomaron buena nota de ello y decidieron realizar algo parecido en nuestro país. Se sabe que el propio Godoy ya tenía un proyecto de creación de un museo de arte “publico” con las colecciones reales, y que de no haber mediado la invasión francesa y posterior Guerra de la Independencia se hubiera abierto dicha institución ya en tiempos de Carlos IV. Pero ni el momento ni la situación política eran los más apropiados.

Museo del Prado
Museo del Prado

Habría que esperar hasta la vuelta de Fernando VII al trono español y la marcha de los franceses para que pudiera siquiera plantearse el asunto. Y no fue precisamente el rey quien lo propuso o a quien se le ocurrió (dudo que tuviera una idea buena en su vida), sino a su segunda esposa. María Isabel de Braganza fue una de las reinas más cultas y más ilustradas que hayamos tenido. Tenía además un interés vivísimo por el arte y por la música, fue mecenas de muchos pintores, tuvo una relación intensísima con la Real Academia de Bellas Artes e incluso ella misma fue pintora aficionada, con bastante buena mano según cuentan las crónicas. Así pues, podemos decir que era todo lo contrario que su esposo.

Y fue ella quien sugirió la idea de concentrar obras de arte de gran calidad, que estaban cogiendo polvo en su mayor parte en palacios y residencias de los reyes, y dejar que sus amados súbditos pudieran disfrutar de tanta belleza. Por desgracia, nunca pudo ver inaugurada su magna obra ya que murió un año antes de la apertura del Museo. Es curioso saber que la propia reina cedió su asignación anual para “alfileres” con el objeto de realizar la reforma del edificio que se iba a destinar a Museo. Pues bien, ahora que ya teníamos la idea y solo faltaba el modo de llevarla a cabo, y, más importante aún, el lugar.

GABINETE DE CIENCIAS, CABALLERIZA, “CAGADERO” REAL Y AHORA MUSEO

El primer lugar que se propuso para la apertura de dicho Museo fue curiosamente el lugar donde actualmente se ubica su “enemigo”, el Museo Thyssen. El Palacio de Villahermosa era una construcción del último cuarto del siglo XVIII, con amplios jardines alrededor, buena disposición y situación inmejorable. De hecho, de las arcas del Estado salió el dinero para comprarlo y cedérselo a la Academia de Bellas Artes de San Fernando para que llevara a cabo el encargo real de crear dicho museo. Pero en ese momento el Consejo de Castilla de forma oficial se opuso a ello, dejando claro que justo enfrente de dicho Palacio se hallaba una construcción reciente que estaba en peligro de deteriorarse aún más si no se le daba uso inmediato. Así que por tanto se decidió el Rey por el actual edificio Villanueva.

Dicho edificio había sido iniciado en su construcción por Juan de Villanueva (de ahí el nombre) aun en tiempos de Carlos III con el objetivo de que fuera destinado a Real Gabinete de Ciencias Naturales. Es más, su unión relativa con el JardínBotánico lo hace explícito: en el Gabinete se estudiarían las especies animales y vegetales (ya muertas) que podríamos contemplar en el Jardín en vivo. Y si nos fijamos en la actual puerta de entrada al Botánico (construida como no podía ser de otro modo por Villanueva), observaremos que se enfrenta directamente con la puerta originaria de entrada al Museo del Prado, junto a la Estatua a Murillo. Sin embargo, este bonito proyecto nunca pudo verse culminado, primero por el cambio de monarca (y por tanto cambio de interés), segundo por dificultades económicas y tercero por la entrada de los franceses a Madrid.

Real Gabinete de Ciencias Naturales, actual Museo del Prado
Real Gabinete de Ciencias Naturales, actual Museo del Prado

Precisamente los franceses, tras la ocupación de la capital previa ya al Levantamiento del 2 de Mayo, montaron un campamento militar en las inmediaciones del Retiro. Y no se les ocurrió otra idea que la ubicación de sus caballos en este edificio casi terminado de Villanueva. A los destrozos que esto ocasionó debemos sumarle el desmontaje del tejado, realizado básicamente en plomo, para fundirlo y construir balas; los enfrentamientos militares y destrucciones previas a la salida de los franceses hicieron el resto. Así pues, antes de poder utilizarlo para mostrar los cuadros de Su Majestad, debía ser rehabilitado al máximo, y en ello estaban mientras, cuentan las malas lenguas, el propio rey Fernando VII decidió ubicar su “trono” en una de las Salas de dicho edificio (actualmente coincide con el lugar donde se exponen las pinturas de Goya) y realizar sus “aguas mayores” cuando estaba por la zona supervisando las obras.

APERTURA, PRIMEROS AÑOS Y ANÉCDOTAS CURIOSAS

Oficialmente el Museo del Prado abrió sus puertas el 19 de Noviembre de 1819, con tan solo 311 cuadros expuestos y sin ninguna inauguración oficial ni ceremonia de boato; seguramente porque Fernando VII no necesitaba el voto de los españoles y por tanto no hubo corte de cinta. Aún no se había terminado el reacondicionamiento de todas las salas y solo pudieron utilizarse las primeras y más cercanas a la rotonda de entrada. Apenas un par de años después ya pudieron ampliarse los espacios y prácticamente se había duplicado el número de cuadros que se mostraban al público. A pesar de ello, aún quedaban cientos y cientos de lienzos que esperaban en los depósitos un hueco para ser colocados. Y esto no fue por falta de empeño, ya que en los primeros años (igual que en otros muchos museos de la época), los cuadros se amontonaban de forma caótica por las salas, sin apenas dejar un espacio libre entre el rodapié de las paredes y los techos; hay imágenes antiguas que muestran el “horror vacui” de nuestra pinacoteca.

Quizás otro dato que llame mucho la atención es que durante muchas décadas el Prado fue un Museo de pintores y para los pintores, ya que solo se abría el museo al público en general ¡Un día a la semana!, mientras para los pintores profesionales estaba a su disposición de manera permanente. Así, no nos extraña que algunos de los mejores pintores del siglo XIX (y aun del XX) adorasen el Museo del Prado y lo visitasen de forma exagerada, entre otros Sorolla, Monet, Degas o Picasso. Actualmente se restringe mucho la entrada a pintores “copistas” con un cupo cerrado de ellos y restricciones en cuanto a salas donde pueden realizar sus trabajos.

Y algo muy curioso es que hasta finales del siglo XIX la colección no tenía ningún orden expositivo: no se ordenaron las obras por escuelas, periodos y autores hasta casi 80 años después de su apertura. Y, entonces, ¿cómo se colocaban en las salas, cuál era el criterio? Pues, simplemente… por tamaño. Se iban poniendo en la pared y según iba quedando hueco decían: “tráeme uno que tenga unos tres metros de alto por tres metros y medio de largo”. Y otro contestaba: “¿te vale este de unos soldados disparando a unos paisanos de un tal Goya?”. Y así era. Es más, oficialmente hasta 1892, cuando era director Vicente Palmaroli, no se creó un Comité Técnico que analizara las obras que eran donadas al Museo, para ver si tenían la calidad artística pertinente para entrar a formar parte de tan excelsas colecciones; en sentido estricto cualquier obra regalada al Prado, hasta entonces, entraba directamente y sin criba alguna en este selecto club.

CAMBIOS BUROCRÁTICOS Y DEMÁS FASES HISTÓRICAS

El Museo nació con el nombre de Museo Fernandino por ser Fernando VII el rey con el que abrió sus puertas y al que le debemos, en mayor o menor medida, su existencia. Pero a su muerte, las colecciones no pertenecían al Estado; realmente nunca no lo habían hecho, siempre habían sido posesiones privadas de los Reyes y podían desprenderse de ellas como quien regala una chaqueta o un pantalón. Y el Rey decidió dejar en herencia a partes iguales tan magnífica colección a sus dos hijas. Nuestra reina Isabel II tuvo que negociar con su hermana Luisa Fernanda (e indemnizarla económicamente) para que renunciara a su parte del botín, y así dejar intacto el patrimonio. Por suerte para nosotros así fue, y desde el reinado de Isabel II los bienes del Prado siempre estuvieron protegidos en cuanto a su integridad y no hicieron más que acrecentarse como ya quedó dicho.

Desde esos tiempos el Museo fue denominado Museo Real ya que con justicia eran colecciones que pertenecieron y seguían perteneciendo a los propios Reyes; y ellos, con su augusta magnanimidad, dejaban que el común de los mortales viésemos tales maravillas. Harina de otro costal es debatir cómo se hicieron con estos bienes y a costa de quien. Sea como fuere, no duró mucho tal denominación, ya que tras la Revolución Gloriosa y sobre todo tras la llegada de la Primera República poco tiempo después, urgía poner una denominación más aséptica y menos conflictiva. Así pues en 1872 se llamó a la institución Museo Nacional de Pintura y Escultura, que como hemos visto sustituía (y robaba el nombre) al museo ubicado en la Trinidad Calzada. Y definitivamente, ya desde 1920, Museo Nacional del Prado, el actual y a mi modo de ver el más acorde por historia y ubicación.

Aunque quizás uno de los momentos históricos clave para el Prado, igual que para muchas otras cuestiones, fue la Guerra Civil. En agosto de 1936 y ante el avance de las tropas nacionales o sublevadas, el Gobierno de la Republica decidió la protección de los bienes del Museo mediante su traslado a sótanos, cubriciones y demás medidas que evitaran el deterioro sufrido por posibles bombardeos. Pero más peligroso fue el momento en el que masas de proletarios entraron al Prado tratando de destruir obras religiosas por su propio carácter antirrevolucionario. Hay mucha literatura y sobre todo muchos mitos, leyendas y bulos al respecto. Lo que si es cierto es que llegó a haber pancartas y carteles a la entrada del museo que decían algo parecido a esto: “Hermano proletario, no destruyas lo que otros trabajadores en otros tiempos y con tanto esfuerzo realizaron”. Finalmente muchas de las obras pasaron a Valencia cuando fue evacuado el gobierno republicano y de ahí a Suiza, donde permanecieron hasta tiempo después de la Guerra, cuando fueron reclamadas y devueltas a España, en gran parte gracias a las gestiones de Eugenio d´Ors, director de Bellas Artes en el primer franquismo.

UN MUSEO HACIA EL FUTURO

Muchas han sido las reformas y ampliaciones que ha llevado a cabo el Museo del Prado, ya prácticamente desde su inauguración. El éxito que tuvo desde un principio y la cantidad de obras que atesora han sido un permanente acicate para ir dando pasos a lo largo del tiempo en pos de más y mejores espacios de exposición. El propio edificio Villanueva ha sido explotado al máximo en sus posibilidades para poder ofrecer mejores condiciones para los cuadros, y, sobre todo, para el público, aumentando de forma exponencial tanto el número de obras como el de visitantes. Continuamente se han ido habilitando salas para la exposición, pero también para el descanso de visitantes, estudio, investigación, despachos, talleres, guardarropas, archivos, depósitos y demás. Además del propio Villanueva, grandes arquitectos de la talla de Antonio López Aguado, Narciso Pascual y Colomer, Francisco Jareño, Fernando Arbós, Pedro Muguruza, Fernando Chueca o JoséMaría de Paredes han participado de todo este proceso evolutivo con un trabajo más que aceptable y acorde a las necesidades de cada época.

Museo del Prado
Museo del Prado

Y cuando ya no quedaba más de donde sacar, pues se buscaba otro edificio cercano aprovechable. Primero fue el antiguo Casón del Buen Retiro, que fue Sede del Museo de Arte Moderno, centro de Reproducciones Artísticas, Sala externa del Museo del Prado (aquí se expuso el Guernica a su llegada a España) y finalmente edificio organizativo y de investigación del Museo del Prado. Cuando un investigador quiere documentarse sobre cualquier obra o asunto relativo acude aquí, a los archivos que se encuentran en el Casón. Pero el Casón también se quedó pequeño y entonces se compró la antigua sede de Aldeasa, en el número 23 de la Calle Ruiz de Alarcón y que actualmente es el lugar de Oficinas del Museo, con lo que se liberó de espacio administrativo tanto al edificio Villanueva como al Casón.

Aunque aun así no era suficiente, y se llegó a un acuerdo con San Jerónimo el Real para que se cediese el espacio del antiguo Claustro y así poder hacer una conexión subterránea entre la parte antigua del Museo y su Ampliación. Este es el llamado “cubo de Moneo”, lo que vemos en superficie aledaño a la preciosa Iglesia de los Jerónimos, y que se mire por donde se mire queda bastante horroroso. Los especialistas dicen que no se trata de estética exterior sino de funcionalidad, y, lo más importante, proteger los restos del antiguo claustro que quedan “enjaulados” dentro. Puede que sea así. Lo cierto es que con ello el Museo ganó un espacio totalmente necesario y vital para su crecimiento, y la Iglesia de los Jerónimos obtuvo a cambio un dinero y asesoramiento para una reforma no menos necesaria y vital. Todos contentos.

Por el momento, la última ampliación prevista y aun no inaugurada es la del antiguo Salón de Reinos. Muchos no saben que en este espacio, poco después de su construcción en tiempos de Felipe IV, ya podíamos encontrar muchos de los cuadros más importantes de nuestro Museo del Prado, entre ellos el famoso de “Las Lanzas” de Velázquez. Así pues, su recuperación como espacio expositivo de arte no chirria a nadie y tendría todo el sentido, una vez que hace ya años dejó de ser Museo del Ejército. No obstante, las obras propuestas por el mismísimo Norman Foster y sus asociados han sido (y siguen siendo) muy complejas, tanto por la propia constitución y estado del edificio antiguo como por problemas económicos (muy recurrentes). Estaba previsto que dentro de los actos de celebración del 200 aniversario del Museo se pudieran haber abierto estas magnificas salas, pero por lo que parece tendremos nuevamente que esperar, y más en la situación actual.

Cierro estas líneas con una pequeña reflexión personal. En el momento en el que escribo este artículo el Museo del Prado se encuentra cerrado, así como buena parte de lugares culturales de nuestro país, y buena parte del extranjero. Esto solo había sucedido en una ocasión en sus 200 años de historia, precisamente en tiempos de nuestra Guerra Civil, y ojalá no vuelva a suceder nunca jamás. El 6 de junio está prevista la apertura del museo y de hecho las condiciones de su apertura, exposición, visita y disfrute seguro tendrán que cambiar tras esta crisis. Nuestro mundo no será el mismo tras esta pandemia, seguro; pero estas magnificas obras, este patrimonio impresionante, este Museo, volverá ser la Mejor Pinacoteca del Mundo. Y es y será un orgullo para todos los madrileños. En estos momentos en que todo el mundo habla de cuando abrirán completamente los bares y cuando se podrá ir al gimnasio, yo no sé vosotros pero yo tengo unas ganas locas de volver a visitar el Prado y pasear entre Rubens, Tiziano, Patinir, Velázquez y demás. Bares hay muchos, pero el Prado, nuestro Prado, es único.

Post redactado por Álvaro Llorente para Espacio Madrid.
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